La sal.

La sal, la única roca comestible por el humano, es un potente conservante que en cantidades excesivas, actúa silenciosamente hasta ocasionar efectos negativos en nuestra salud. Como es aumentar nuestra tensión arterial, hasta provocar hipertensión.

Su fórmula química es NaCl, cloruro sódico y tan solo un 20% de la sal total que consumimos diariamente, proviene de la sal de cocina. Es decir, el potenciador de sabor que nosotros añadimos durante las cocciones o a los mismos sabores para mejorar o aumentar su palatibidad.

Por lo que es muy importante controlar la sal, pero si tenemos problemas de tensión, no será suficiente su reducción directa.  Por lo que debemos controlar el consumo de alimentos con una elevada composición de cloruro sodio.

Los alimentos que tienen una larga vida en óptimas condiciones como son los embutidos, mantequillas, pastillas de caldo, quesos, jamón, patatas fritas de bolsa, salsas, aceitunas, etc. contienen una elevada cantidad de este conservante.

La sal también la podemos encontrar en alimentos en conserva como anchoas, atún o bacalao e incluso en alimentos preparados para consumir sin tener que hacer cocciones, como por ejemplo, caldos preparados, pasta alimenticia con salsas, arroces preparados, etc.

A pesar de que los pacientes con hipertensión son medicados, el principal tratamiento a seguir, es una dieta baja en sodio. Por lo tanto, se recomendaría evitar todos aquellos alimentos nombrados anteriormente y además, evitar sazonar los alimentos frescos que vamos a consumir.

Para poder enriquecer el sabor de esos alimentos, se aconseja el consumo de todo tipo de especies alimentarias o también, el consumo de sal sin sodio.

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