Cuidado con las grasas trans.

Las autoridades de seguridad alimentaria de Estados Unidos ya han dado un paso definitivo al prohibir del uso de las llamadas grasas trans por considerar que son una amenaza para la salud.

España no regula directamente la utilización de grasas trans en la industria alimentaria. Y hasta 2014 no se revisará si hacerlo o dejar las cosas como están: básicamente que sigan siendo los fabricantes quienes se autorregulen. Pero, ¿qué son estos compuestos? Para muchos médicos y especialistas en nutrición, son casi un veneno oculto en muchos alimentos que causa estragos lenta y silenciosamente en nuestra salud,  de manera muy especial en los niños.  Si comes pizzas congeladas, productos horneados, palomitas para microondas o bollos industriales los conoces muy de cerca. Y el caso es que mientras que la administración estadounidense declara que no son seguras y busca prohibirlas, su utilización continúa en nuestro país, en muchos casos enmascarados en el etiquetado de los productos que compramos bajo fórmulas como ‘grasas de origen vegetal’. Sin más.

Son aceites artificiales conseguidos a través de la manipulación química de algunas materias primas naturales, como el aceite de coco o de palma entre otros. Es una grasa que se forma cuando el aceite líquido se transforma en una grasa sólida añadiendo hidrógenos. Este proceso se llama hidrogenación y sirve para incrementar el tiempo de vida útil de los alimentos, su textura y su sabor. Su creación y utilización fue un paso de gigante para la industria alimenticia para abaratar costes,  mejorar la apariencia general de sus productos y alargar la vida de los alimentos que se comercializan contra la oxidación natural. Y ahora parece que todo ese ahorro se convirtió en gastos… sanitarios.

La voz de un sanitario…

Yolanda Allins es pediatra y especialista en endocrinología infantil y asegura que este tipo de grasas son muy peligrosas porque causan efectos en todos los órganos humanos y, sin embargo, están muy presentes en la dieta de muchos niños: “En la consulta un 50% de los niños es obeso, y hay casos en los que los críos hace años que no comen fruta a diario, que no comen verduras o pescado y el problema son los alimentos con que los sustituyen. ¿La culpa? No sirve de nada culpar a los padres, por ejemplo. Es la sociedad que vivimos, el escaso tiempo para preparar comida de mercado, para que los padres acompañen a sus hijos en las meriendas y cenas, las horas que los niños pasan solos en casa -en las que comen de todo por aburrimiento- o la presión publicitaria”.

Este último aspecto no carece de importancia. Según un análisis británico de la publicidad alimentaria dirigida a menores en 2008 encontró que el 71,2% de las comunicaciones comerciales de alimentos y bebidas emitidas durante la franja horaria de protección reforzada anunciaban productos de perfil nutricional pobre (‘menos saludables’). En el resto de la Europa Occidental esta circunstancia no difiere en esencia.

Cuando a la doctora Allins se le pregunta por soluciones o consejos, echa mano de la sencillez y el sentido común: “Deberíamos ir al mercado muchos días comprar brécol, frutas frescas, pescado azul… En esencia, si queremos comer bien, deberíamos comer de manera muy parecida a cómo lo hacían nuestras abuelas. Ellas trabajaban mucho físicamente. Nosotros deberíamos hacer deporte. Quizá así tendríamos determinadas enfermedades mucho más tarde de lo que comenzamos a sufrirlas en la actualidad”.

Pero no todas las grasas trans se consiguen en un laboratorio o en una factoría. Algunos alimentos, como la carnes de vacuno, cerdo y cordero, así como la mantequilla y la leche, contienen de manera natural cantidades pequeñas de estas grasas hidrogenadas. No hay que engañarse, no obstante, la mayoría de las grasas trans de nuestra alimentación provienen de ‘alimentos industriales’, en las margarinas, bollería industrial, galletas, patatas fritas y otros snacks.

EE.UU. actúa contra las grasas trans…

Las autoridades de seguridad alimentaria de Estados Unidos ya han dado un paso definitivo al prohibir del uso de las llamadas grasas trans por considerar que son una amenaza para la salud. De este modo, los aceites parcialmente hidrogenados, fuente de la mayor parte de las grasas trans, ya no son “reconocidos como seguros”, según la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos -FDA, por sus siglas en inglés-. Y no parece un capricho: La agencia señaló que esta iniciativa puede evitar 7.000 muertes y 20.000 ataques al corazón en EE.UU. cada año. Si el plan de la agencia tiene éxito, los aceites que obstruyen el corazón serían considerados aditivos alimentarios y no podrán utilizarse.Y es que este tipo de grasas elevan el colesterol “malo” (LDL) y los triglicéridos. “Si bien el consumo de grasas trans potencialmente perjudiciales ha disminuido en las dos últimas décadas en Estados Unidos, el consumo actual sigue siendo una preocupación significativa de salud pública”, estableció la representante de la FDA, Margaret Hamburg, en un comunicado.

Como vemos, la preocupación de las autoridades sanitarias en EE.UU. es altísima y, sin embargo, de acuerdo con la FDA el consumo de grasas trans entre los estadounidenses se redujo de 4,6 gramos por día en 2003 a alrededor de 1 gramo por día en 2012.

Desde 2011, la Organización Mundial de la Salud  recomienda que la ingesta diaria de grasas trans se limite al 1% del total de calorías, lo que equivale, en una dieta media de 2.000 a 2.500 calorías, a un consumo de 2 a 2,5 gramos por día. Y los nutricionistas han criticado desde hace tiempo su uso, asegurando que no tienen elementos nutritivos y que contribuyen a enfermedades del corazón en mayor proporción que las grasas saturadas.

Y España y el resto de Europa ¿Qué hacen?

 ¿Qué está pasando en Europa y España? En Europa no está limitada su utilización ni es obligado especificar su cantidad en los alimentos. El Reglamento UE nº 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de octubre de 2011, no incluye en la información nutricional obligatoria en los alimentos el contenido de ácidos grasos trans. En este mismo Reglamento se especifica que “a más tardar el 13 de diciembre de 2014, la Comisión, teniendo en cuenta las pruebas científicas y la experiencia adquirida en los Estados miembros, presentará un informe sobre la presencia de grasas trans en los alimentos y en la dieta general de la población de la Unión”.

En España, más de la mitad de la población española que tiene entre 35 y 64 años (58%) presenta unos índices de colesterolemia -concentración de colesterol- cercanos a 200 mg/dl, cifra considerada como el límite sano. Un 16% lo supera con creces y se sitúa por encima de los 250 mg/dl,o sea padece hipercolesterolemia, uno de los principales factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Pues bien, siguiendo la estela de Europa, en nuestro país  no hay una normativa específica. No obstante, desde la estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y prevención de la Obesidad), impulsada por el Ministerio de Sanidad y Consumo en 2005, se alude a la industria alimentaria y a las empresas de restauración para que disminuyan de forma progresiva los niveles de grasas trans industriales.

En septiembre de 2010, el gobierno aprobó el proyecto de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición que, en lo que respecta a las grasas trans, establece la obligación de las industrias de utilizar tecnologías e ingredientes que minimicen el contenido de dichas sustancias en la cadena alimentaria. ¿Cómo? ¿Cuánto? Sin especificar.

Gretel Cabrera es nutricionista y responsable de alimentación de CECU y asegura que en las etiquetas de los productos tenemos una información deficitaria y, en general en Europa y en particular en España, “no se respeta el derecho a la información del consumidor porque no se dice el porcentaje o cantidad de grasas trans utlizadas. ¿Qué hay detrás de la frase usual en las etiquetas grasas vegetales parcialmente hidrogenadas? ¿En qué porcentaje? ¿Qué aceite vegetal se ha utilizado?”. Según esta experta, como consejo, “tenemos que saber que si en la lista de ingredientes dicen grasas parcialmente hidrogenadas, a nivel nutricional el producto tiene grasas trans”.

El reglamento Reglamento 1169/2011 que regula el etiquetado de los productos alimenticios, asegura que en 2014 se recogerá información para actuar en consecuencia con las grasas trans. “Al menos ahí se abrió una puerta”, concluye Cabrera.

De momento, hemos de conformarnos con nuestro sentido común y nuestro propio grado de interés y formación. Debemos tener claro que cuando un fabricante no identifica la grasa que usa -aceite de oliva, girasol, soja, mantequilla lo habitual es que ésta sea poco saludable, como la grasa saturada -aceite de palma o coco- o grasas hidrogenadas, o sea trans. Es importante revisar la etiqueta de los productos y elegir, siempre que sea posible, aquellos que especifiquen el tipo de aceite utilizado (oliva, girasol, soja, etc…).

Es verdad que el 6 de diciembre de 2012, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición firmó el nuevo código de corregulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a menores, el Código PAOS, al cual se han adherido voluntariamente la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas, la Asociación para la Autorregulación de la Publicidad, y los sectores de la distribución, la hostelería y la restauración.

Por su parte, varias empresas han comenzado a publicar voluntariamente el contenido de grasas trans en sus etiquetas nutricionales y otras tienen previsto modificar los procesos en los que los alimentos se enriquezcan con estas sustancias y/o eliminar el contenido de los aceites parcialmente hidrogenados de sus productos. Así empresas de bollería como Dulcesol ya han anunciado que eliminará estas grasas.

Enlace de la notícia:

http://www.que.es/ultimas-noticias/sociedad/201312090800-grasas-trans-plaga-occidente-comer.html

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